Navidad-y-coherencia

Llega la época navideña, y con ella, muchas decisiones qué tomar:

¿Con quién voy a pasar el día de Navidad, y el día de Año Nuevo? ¿Estaré con mi familia, o con la de mi pareja? ¿A quiénes voy a dar regalos y qué les voy a dar? ¿Cuándo voy a sacar el tiempo para hacer todas las compras?… Con estas decisiones, vienen también pensamientos que manifiestan conflictos internos que nos vemos obligados a experimentar: “Quiero pasar con mi familia, pero me quiero evitar problemas con mi pareja”; o “Es que le tengo que dar un regalo a mi jefe, porque si no, ¿qué va a pensar?”.

Seguro a todos nos ha pasado alguna vez. El problema es que comenzamos a actuar de manera incoherente con lo que verdaderamente queremos (estando con quienes no queremos, aguantándonos a ese familiar insoportable, gastando dinero en regalos para personas que ni conocemos, etc.), y al final, hacemos felices a todos, menos a nosotros mismos.

¿Nos hemos puesto a pensar en las consecuencias económicas, prácticas, emocionales, energéticas, y hasta físicas de toda esta incoherencia emocional?

Pasemos brevemente por algunas de ellas: Gastamos un porcentaje de nuestros recursos, comprando cosas por cumplir; para personas a quienes no le conocemos los gustos, y que en el fondo, no nos nace compartir de corazón. Ni qué hablar del tiempo. Gastamos horas y horas en tiendas y centros comerciales, tratando de convencernos a nosotros mismos de comprar elementos que en realidad no necesitamos (y tampoco sus destinatarios); cuando en realidad, podríamos estar compartiendo un buen momento con las personas que más apreciamos. Nos estresamos además tratando de contentar a todo el mundo, empezando por la pareja, la familia de la pareja, los padres, los tíos, los amigos, y al final, quedamos exhaustos de tratar de resolver tantas cosas, y en realidad, no pasamos tan felices como hubiéramos querido estar.

Todo esto suena un poco dramático, y en realidad puede que no lo sintamos así. Y en parte no lo sentimos dramático, porque nos hemos ido acostumbrando a lidiar con toda esta incoherencia y todo este estrés.

Pero, ¿qué nos dice el cuerpo de todo esto? ¿Cómo se manifiesta el inconsciente para contrarrestar la incoherencia emocional? Veamos un par de ejemplos.

Según la Supersalud, algunas de las enfermedades más comunes de esta época incluyen las intoxicaciones y las enfermedades gastrointestinales.

La intoxicación, por un lado, es un envenenamiento producido por el alimento. Desde la perspectiva de la Bioneuroemoción®, son verdaderamente los pensamientos y las emociones que asociamos con ese alimento “tóxico”, los que nos pueden generar una respuesta de rechazo desde el organismo (porque el cuerpo hace lo que la mente no se atreve). Habría entonces que preguntarse: ¿qué situación o persona me resulta venenosa?

El segundo caso es muy similar. En las navidades tendemos a consumir una gran cantidad de alimentos. Ésta, de por sí, es una situación digna de reflexión. ¿Tal vez lo que realmente queremos consumir en esta época es el alimento emocional que no hemos recibido en todo el año?… Navidad es la época de regresar a casa: consumimos, por ejemplo, excesos de sal (padre) y azúcar (madre).

Esto lleva a que se produzcan indigestiones, gastritis y otros síntomas relacionados con el aparato digestivo. Lo primero que hay que preguntarse es ¿En qué contextos concretos se nos producen este tipo de malestares?: ¿Qué situaciones están quedando indigestas? ¿Qué no me puedo creer o no soy capaz de aceptar?  Habría que preguntarse qué es lo que nuestro inconsciente no se digiere. Una persona, un contexto, un ambiente familiar, etc.

Y ni qué hablar del consumo excesivo de alcohol y otras sustancias (Ojo, no estoy diciendo que nada de esto sea bueno o malo. Solamente hay que preguntarnos por qué lo hacemos, y cuál es la motivación profunda detrás de estos comportamientos).

En general, el abuso de sustancias de este tipo conllevan una tonalidad en la cual se desea llenar un vacío emocional (muchas veces tiene que ver con falta de protección de madre o intento de acercarme al padre), o escapar de la realidad (entre otras). En efecto, las épocas navideñas nos abstraen temporalmente del ritmo natural de la vida, lo cual es la excusa perfecta para obtener una vía de escape de la realidad. Efectivamente hay una incongruencia, pues nuestra realidad es tan disonante con nuestros verdaderos deseos, que preferimos alejarnos lo más posible de ella. (¿se han dado cuenta que cada vez la navidad empieza más temprano en el año?)

Lo más importante de todo, es comprender que nada de lo que hacemos o dejamos de hacer es bueno o malo. Todo es absolutamente perfecto, y mientras más coherentes emocionalmente seamos (es decir, hacer sólo lo que nos nace, compartir sólo con quieres verdaderamente queremos, y disponer de nuestro tiempo y recursos como verdaderamente deseamos), menos necesidad tiene el inconsciente de manifestarse con síntomas indeseados, que muchas veces nos obligan a detener los planes con los demás y a pensar en dedicarnos un poquito más a nosotros mismos.

Bibliografía:

https://www.supersalud.gov.co/es-co/Noticias/listanoticias/sabe-usted-cuales-son-las-enfermedades-navidenas-mas-comunes

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