De coherencia emocional

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Descargable GRATIS: “Prefiero ser una persona completa, antes que buena”


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Continuando con nuestra iniciativa de aydarnos a entrenar nuestra mente para mantener pensamientos de coherencia y conciencia de unidad, a continuación te dejamos una imagen descargable, que podrás recortar para utilizar en tu smartphone o tablet, como salvapantalla.

En esta ocasión elegimos una frase adaptada de la famosa de Carl Gustav Jung “Prefiero ser un hombre completo que un hombre bueno”.

Esta frase hace referencia a descubrir esa parte de nosotros que la mayoría del tiempo nos negamos a aceptar, pero que no deja de existir en nuestro ser y que se conoce como “la sombra”: Características de la personalidad que generalmente son “socialmente inaceptables”, y que por ello las guardamos y ocultamos en el inconsciente con el fin de aparentar ser personas “buenas” y así encajar en la sociedad.

Lo que Jung en realidad sugiere, es rescatar esas características ocultas e inaceptadas, y más bien integrarlas como parte de nosotros, y potenciarlas en los contextos y medidas adecuadas, incluso cuando esto implique el rechazo social. Aunque esto último puede resultarnos incómodo o indeseable, es un paso hacia una mayor integridad del ser, una honestidad con nosotros mismos y una aceptación de todos nuestras facetas: el lado de la luz, y el lado oscuro.

¿Te animas a buscar aquello que está oculto dentro de tu propio ser?

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El sobrepeso y el alimento emocional


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Comencemos por establecer lo que ya hemos dicho anteriormente: todos los cuerpos son perfectos. Las diferentes formas, figuras, tamaños o pesos, no son producto de la “suerte” o del “destino”, sino que responden a un estado adaptativo concreto y particular de cada ser.

Es cierto que dentro de la biología humana existen algunos estándares, que no tienen nada que ver con una figura perfecta, sino con un balance general de todos los sistemas y órganos del cuerpo, que son necesarios para la homeóstasis o bienestar general del ser humano.

Por consiguiente, cualquier diferencia considerable en estos estándares – en este caso el del peso – tanto si es hacia arriba (sobrepeso) como si es hacia abajo (delgadez), nos hablará de una adaptación biológica que el cuerpo está ejecutando ante una programación emocional inconsciente que se encuentre activa.

Para lograr entender los simbolismos y conflictos emocionales relacionados con el sobrepeso, primero es necesario comprender cómo funciona biológicamente esta adaptación; es decir, cuál es su sentido biológico.

¿Para qué sirve biológicamente el sobrepeso?

Podríamos hablar de dos funciones principales: En primer lugar, es una excelente herramienta adaptativa ante una posible escasez: Se acumulan a manera de reserva agua y grasa (energía), dos de los elementos fundamentales para la supervivencia. En segundo lugar, ante la amenaza de un depredador en la naturaleza, es eficaz para el individuo aumentar su tamaño, ya que esto indica fuerza y jerarquía ante un posible combate. Además de esto, recubrir un órgano con tejido de grasa resulta una excelente protección mecánica ante golpes y otros ataques.

Conflicto emocional: El abandono.

Indaguemos entonces el principal conflicto emocional que programa el síntoma del sobrepeso: El abandono. Cuando en la naturaleza un individuo (especialmente en desarrollo) es abandonado por su manada, este individuo tiene menos posibilidades de sobrevivir, por lo que le resulta necesario almacenar agua y energía que le sirvan de reserva para afrontar la futura escasez hasta que esta termine, y así asegurar su supervivencia.

Esto nos lleva a la raíz del asunto: Para el ser humano, la figura que por excelencia representa la supervivencia durante los primeros años de vida, es la madre. Ésta no solo le proporciona alimento físico, sino toda la protección necesaria ante cualquier peligro proveniente del ambiente. Recordemos además que la madre no solo nutre física sino también emocionalmente. Ella es la primera dadora del alimento emocional.

Cuando un niño se siente abandonado por su madre (o figura materna) física y emocionalmente, inmediatamente el cuerpo programa la adaptación biológica de supervivencia de la que hablamos: reserva de agua y alimento. La estrategia, además, ayuda a que el niño se haga más grande, por lo tanto más visible para su propia madre, lo cual incrementaría las probablilidades de que ella le preste la atención que necesita.

Esto no necesariamente quiere decir que los niños abandonados por mamá inmediatamente activan el programa biológico y desarrollan sobrepeso. Éste puede ser un conflicto programante, que no necesariamente da lugar al síntoma, sino que más tarde, cuando el individuo experimenta otro conflicto emocional que vive como un abandono, éste conflicto se vuelve un conflicto desencadenante, que ahora sí activa y ejecuta la adaptación biológica asociada.

De este punto fundamental pueden derivar el resto de conflictos asociados con el sobrepeso:

Amenaza externa (depredador):

Cuando la persona tiene un programa de abandono, e inconscientemente se siente desprotegida e indefensa, y a esto se suma un conflicto en el que el individuo se siente amenazado por un depredador, su cuerpo puede desarrollar un aumento de masa focalizada en aquel lugar del cuerpo que necesita proteger ante un posible ataque. Por ejemplo, puede desarrollarse un aumento de peso alrededor del continente pélvico ante la amenaza de un ataque de contenido sexual.

Necesidad de alimento emocional:

Recordemos que el alimento físico no solo suple una necesidad biológica, sino que además lleva consigo una fuerte carga simbólica: está estrechamente relacionado con el alimento emocional que proveía mamá en los primeros años de vida. Es por ello que muchas personas que sienten una necesidad constante (fuera de lo normal) de comer, pueden estar inconscientemente buscando suplir una carencia emocional.

En ocasiones es posible identificar qué tipo de alimento emocional se quiere inconscientemente suplir, si se revisan a su vez los simbolismos de los alimentos que la persona tiende más a buscar: En general, las comidas dulces tienen que ver con buscar a mamá, o la polaridad femenina. Las comidas saladas tienen que ver con buscar a papá o la polaridad masculina. El pan (o los carbohidratos), también simboliza el padre o el esposo (pues primitivamente es él quien trae el pan a casa), y los lácteos, a la madre (ella le da leche al bebé). No hay que olvidar, sin embargo, que estos son solo indicadores arquetípicos, que nos pueden guiar hacia la tonalidad del conflicto emocional, pero que no necesariamente tienen que presentarse así en todos los casos.

Miedo a un período de escasez:

Derivado de un previo conflicto de abandono, donde el inconsciente se haya programado para la reserva energética, puede ocurrir la aparición del síntoma como producto de un conflicto en el que la persona esté viviendo un miedo a una posible futura escasez de recursos, por ejemplo económicos, que a la larga simbolizan también el alimento y la supervivencia.

Conflicto de silueta:

Según el Enric Corbera Institute¹, Cuando una persona vive además su sobrepeso como un factor de desaprobación y desvalorización estética, perpetúa en su cuerpo un ambiente de estrés que no permite dar solución al conflicto, sino que hace que por el contrario éste se reprograme continuamente. Si a esto sumamos que la persona realice dietas inadecuadas o se prive de consumir alimentos suficientes; se le da la razón al inconsciente para creer que efectivamente se está viviendo una escasez, por lo que este se sigue programando para almacenar y reservar lo poco que entre de agua y alimentos.

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Todos los anteriores arquetipos, simbolismos y conflictos emocionales, son una buena base para realizar una indagación acerca del síntoma de sobrepeso en caso de estarlo viviendo. Es importante recordar que son una guía general, y que no necesariamente todos los casos responden matemáticamente a alguna de las anteriores categorías, ya que el cuerpo y la mente humana son un sistema complejo en donde diversos conflictos emocionales, herencias epigenéticas, lealtades familiares y creencias, pueden confluir para generar el estado general de nuestro cuerpo y nuestra vida.

Una buena autoindagación o un acompañamiento en Bioneuroemoción® nos permitirá comprender la naturaleza del síntoma o la situación que estemos viviendo, no para cambiar el conflicto, sino para elegir cómo vivirlo de manera más coherente e inteligente con nuestro ser.

Bibliografía:

  1. Enric Corbera Institute. Posgrado en Bioneuroemoción, 2017.
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La Navidad y la Coherencia emocional


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Navidad-y-coherencia

Llega la época navideña, y con ella, muchas decisiones qué tomar:

¿Con quién voy a pasar el día de Navidad, y el día de Año Nuevo? ¿Estaré con mi familia, o con la de mi pareja? ¿A quiénes voy a dar regalos y qué les voy a dar? ¿Cuándo voy a sacar el tiempo para hacer todas las compras?… Con estas decisiones, vienen también pensamientos que manifiestan conflictos internos que nos vemos obligados a experimentar: “Quiero pasar con mi familia, pero me quiero evitar problemas con mi pareja”; o “Es que le tengo que dar un regalo a mi jefe, porque si no, ¿qué va a pensar?”.

Seguro a todos nos ha pasado alguna vez. El problema es que comenzamos a actuar de manera incoherente con lo que verdaderamente queremos (estando con quienes no queremos, aguantándonos a ese familiar insoportable, gastando dinero en regalos para personas que ni conocemos, etc.), y al final, hacemos felices a todos, menos a nosotros mismos.

¿Nos hemos puesto a pensar en las consecuencias económicas, prácticas, emocionales, energéticas, y hasta físicas de toda esta incoherencia emocional?

Pasemos brevemente por algunas de ellas: Gastamos un porcentaje de nuestros recursos, comprando cosas por cumplir; para personas a quienes no le conocemos los gustos, y que en el fondo, no nos nace compartir de corazón. Ni qué hablar del tiempo. Gastamos horas y horas en tiendas y centros comerciales, tratando de convencernos a nosotros mismos de comprar elementos que en realidad no necesitamos (y tampoco sus destinatarios); cuando en realidad, podríamos estar compartiendo un buen momento con las personas que más apreciamos. Nos estresamos además tratando de contentar a todo el mundo, empezando por la pareja, la familia de la pareja, los padres, los tíos, los amigos, y al final, quedamos exhaustos de tratar de resolver tantas cosas, y en realidad, no pasamos tan felices como hubiéramos querido estar.

Todo esto suena un poco dramático, y en realidad puede que no lo sintamos así. Y en parte no lo sentimos dramático, porque nos hemos ido acostumbrando a lidiar con toda esta incoherencia y todo este estrés.

Pero, ¿qué nos dice el cuerpo de todo esto? ¿Cómo se manifiesta el inconsciente para contrarrestar la incoherencia emocional? Veamos un par de ejemplos.

Según la Supersalud, algunas de las enfermedades más comunes de esta época incluyen las intoxicaciones y las enfermedades gastrointestinales.

La intoxicación, por un lado, es un envenenamiento producido por el alimento. Desde la perspectiva de la Bioneuroemoción®, son verdaderamente los pensamientos y las emociones que asociamos con ese alimento “tóxico”, los que nos pueden generar una respuesta de rechazo desde el organismo (porque el cuerpo hace lo que la mente no se atreve). Habría entonces que preguntarse: ¿qué situación o persona me resulta venenosa?

El segundo caso es muy similar. En las navidades tendemos a consumir una gran cantidad de alimentos. Ésta, de por sí, es una situación digna de reflexión. ¿Tal vez lo que realmente queremos consumir en esta época es el alimento emocional que no hemos recibido en todo el año?… Navidad es la época de regresar a casa: consumimos, por ejemplo, excesos de sal (padre) y azúcar (madre).

Esto lleva a que se produzcan indigestiones, gastritis y otros síntomas relacionados con el aparato digestivo. Lo primero que hay que preguntarse es ¿En qué contextos concretos se nos producen este tipo de malestares?: ¿Qué situaciones están quedando indigestas? ¿Qué no me puedo creer o no soy capaz de aceptar?  Habría que preguntarse qué es lo que nuestro inconsciente no se digiere. Una persona, un contexto, un ambiente familiar, etc.

Y ni qué hablar del consumo excesivo de alcohol y otras sustancias (Ojo, no estoy diciendo que nada de esto sea bueno o malo. Solamente hay que preguntarnos por qué lo hacemos, y cuál es la motivación profunda detrás de estos comportamientos).

En general, el abuso de sustancias de este tipo conllevan una tonalidad en la cual se desea llenar un vacío emocional (muchas veces tiene que ver con falta de protección de madre o intento de acercarme al padre), o escapar de la realidad (entre otras). En efecto, las épocas navideñas nos abstraen temporalmente del ritmo natural de la vida, lo cual es la excusa perfecta para obtener una vía de escape de la realidad. Efectivamente hay una incongruencia, pues nuestra realidad es tan disonante con nuestros verdaderos deseos, que preferimos alejarnos lo más posible de ella. (¿se han dado cuenta que cada vez la navidad empieza más temprano en el año?)

Lo más importante de todo, es comprender que nada de lo que hacemos o dejamos de hacer es bueno o malo. Todo es absolutamente perfecto, y mientras más coherentes emocionalmente seamos (es decir, hacer sólo lo que nos nace, compartir sólo con quieres verdaderamente queremos, y disponer de nuestro tiempo y recursos como verdaderamente deseamos), menos necesidad tiene el inconsciente de manifestarse con síntomas indeseados, que muchas veces nos obligan a detener los planes con los demás y a pensar en dedicarnos un poquito más a nosotros mismos.

Bibliografía:

https://www.supersalud.gov.co/es-co/Noticias/listanoticias/sabe-usted-cuales-son-las-enfermedades-navidenas-mas-comunes